Hace más de una década que se intenta enseñar a los coches a conducir. En un futuro no muy lejano, este esfuerzo puede cerrar el círculo, con los coches enseñando a la gente a conducir; la semana pasada, General Motors solicitó una patente en un vehículo autónomo equipado para «entrenar a los conductores».

Los coches autoconducidos han tardado mucho más en llegar de lo que se preveía, con complicaciones relacionadas con la tecnología, la seguridad y la normativa, que han puesto trabas al progreso. Google fue una de las primeras empresas en invertir fuertemente en el desarrollo de vehículos sin conductor, lanzando su proyecto de coche autodirigido a principios de 2009 de su X lab (también conocida como Moonshot Factory).

En 2015, los expertos de la industria automovilística predijeron que la coches autodirigidos estaría en la carretera en 2020. Que no era el caso Y dos años después seguimos esperando el día en que podamos relajarnos, poner los pies en alto y ver pasar el paisaje mientras los coches autónomos nos llevan a nuestros destinos.

Parece que General Motors cree que ese día no está muy lejos, y la empresa quiere llevar la tecnología de autoconducción un paso más allá, dándole la vuelta a la tortilla: ¿y si los coches pudieran enseñar a conducir a las personas?

If, like me, your first thought was: why would people need to know how to drive in a future where cars are autoconducción ? Es una pregunta válida, sobre todo porque algunos de los diseños más recientes de coches sin conductor ni siquiera tienen volante. Pero la solicitud de patente de GM señala que, a pesar de la existencia de coches autoconducidos en el futuro, es posible que la gente no siempre tenga acceso a ellos, que se encuentre en un lugar o situación en la que no se le permita, o que «desee conducir por satisfacción personal.»

La aplicación señala además que, hasta ahora, los seres humanos han enseñado a otros seres humanos a conducir, pero los inconvenientes de la instrucción humana incluyen que puede ser costosa y consumir mucho tiempo (¿recuerdas hacer 25 horas al volante en la educación vial? Yo sí), puede incluir riesgos elevados e ineficiencias, y puede hacer que los profesores transmitan prejuicios a los estudiantes. Este último argumento es impreciso, ya que más allá de seguir las normas universales de circulación, todo el mundo conduce de forma un poco diferente.

El coche de GM enseñaría a conducir a través de sensores y de información en tiempo real. Un procesador de a bordo determina una acción para el conductor y, cuando éste la realiza -por ejemplo, girar a la izquierda en un cruce congestionado cuando el semáforo pasa de verde a amarillo-, el coche compararía las acciones del conductor con lo que habría hecho su algoritmo y, a continuación, generaría una puntuación según el grado de adecuación de la actuación del conductor a las especificaciones del coche.

El coche también podría «permitir selectivamente» que el alumno controle tantas o tan pocas funciones de conducción como considere oportuno en función del rendimiento del conductor. Si al girar a la izquierda en esa intersección tan concurrida casi se produce una colisión con otro coche, un peatón, etc., el vehículo de GM tomaría nota y determinaría que ese alumno necesita ayuda, pronto, y desactivaría el acelerador mientras su ordenador se hace cargo.

Por último, el coche proporcionaría resultados sobre el rendimiento del conductor a terceros, como instructores humanos o padres.

La solicitud de patente no especifica si el coche proporcionaría información en tiempo real a los conductores a través de audio o de otro medio, como una pantalla en el salpicadero, pero parece más plausible que el coche «hable» a los conductores, ya que desviar su atención de la carretera para mirar una pantalla no sería un buen reclamo (no es que no lo hagamos todos cada vez que conducimos, ejem).

Todavía faltan años para que los coches de autoconducción se conviertan en algo habitual. Pero no es descabellado imaginar que las autoescuelas utilicen una herramienta como el coche de formación de GM para ayudar a los alumnos a hacer más horas de carretera sin estar totalmente desatendidos.

Sin embargo, en última instancia -décadas en el futuro- las empresas tecnológicas quieren hacernos creer que no necesitaremos saber conducir en absoluto; los coches harán el 100% del trabajo, y estaremos mejor por ello. O ese es el objetivo, al menos.

Crédito de la imagen: Crucero